Ferreyra: «Iba caminando por Donetsk y parecía que estaba jugando al ‘Call of Duty'»

¿Cómo fueron sus inicios en Argentina?

“Empecé jugando en Banfield. Llegué a debutar en Primera con 17 años, estando como técnico Jorge Burruchaga. Estuve allí de 2008 a 2012 y luego me fui a Vélez Sarsfield, donde viví un año increíble. A los seis meses de llegar salimos campeones y me lo pasé muy bien. Después, al año siguiente ya me vendieron al Shakhtar Donetsk”.

¿La formación de las categorías inferiores es muy diferente en su país?

“No sé cómo trabajan ahora, pero yo lo pasé muy bien. Empecé jugando con ocho o nueve años y ya me conocía todo el mundo. Tuve una infancia muy buena en el club. Después, técnica y tácticamente quizás ahora haya mejorado. Aquí todos los niños empiezan a trabajar pase y recepción, a orientar el cuerpo y todas esas cosas que allí no se trabajaban tanto”.

¿Cómo llevó la fama siendo un adolescente?

“Es raro. Uno no se lo podía creer y más de un día para otro, como fue mi caso. Yo estaba yendo al colegio y un día me llaman para entrenar con el primer equipo y al acabar el entrenamiento me dicen que voy a ir concentrado. Entré veinte minutos, no lo hice mal y seguí jugando, marqué y ya me quedé en el primer equipo. Me cambió la vida porque aún por encima vivía en el centro, donde estaban todos los hinchas de Banfield. Salía a la calle y todos me reconocían y me pedían fotos. No me lo podía creer”.

¿Se agrandó su ego a esa edad?

“Siempre traté de tener los pies sobre la tierra y mi familia me lo hizo saber. En algún momento hasta pasé a tener demasiado humildad. A veces es bueno creérselo en el buen sentido y que eso te aporte a la hora de jugar. Después está creerse superior al ir por la calle y pensar que por ser jugador de fútbol ya puedes hacer o decir lo que quieres y te van a decir que sí a todo. Eso pasa si juegas bien, en el momento que las cosas vayan mal, toda la mierda que hiciste te va a ir en contra. Pasa en el fútbol y en la vida, en general. Hoy en día está todo mucho más exagerado con las redes sociales. Se está jugando un partido y si no marcas, te están puteando, pero si marcas, te está alabando la misma persona que te estaba puteando hace cinco minutos”.

Su salto a Europa fue a Ucrania. ¿Por qué tomó esa decisión?

“Había hecho un buen año en Vélez y me reuní con un agente del Shakhtar. Ese año estaban jugando en Champions, tenía un grandísimo equipo y no lo dudé mucho. Fue muy raro para mí desde el primer día porque era todo diferente. El idioma, la cultura, la comida… No lo pasé muy bien el primer año, pero tampoco ayudó mi personalidad, que es muy cerrada. El equipo estaba lleno de brasileños que me querían ayudar, pero yo era muy cerrado y eso jugó en mi contra”.

¿Cómo es vivir en un país en guerra?

“En Donetsk viví antes de que estallara la guerra, después me fui a Kiev. Yo no entendía nada, sabía que pasaban cosas, pero no entendía el idioma y no sabía lo que decían las noticias. En el club tampoco nos decían nada, pero después ibas por la ciudad y veías situaciones que ya no me parecían normales. Yo iba a entrenar a las afueras de Donetsk y siempre estaba la policía ucraniana, hasta que de repente no estaba más la policía ucraniana y había gente con la cabeza tapada y con metralletas. Yo dije ¿esto qué es? Pasaba por ahí, nos pedían documentos y yo sólo les decía: ‘Shakhtar, Shakhtar’, para que me dejaran pasar. Estuvimos así hasta que acabó el campeonato y cuando nos fuimos, ya explotó todo”.

¿Vivió situaciones de miedo?

“Había muchas manifestaciones me acuerdo. Los edificios del gobierno estaban todos tomados, estaban atrincherados con alambres, con gomas… Aquello parecía el Call of Duty. Uno iba por la calle y parecía que estábamos jugando al Call of Duty. En algún momento me asusté, pero siempre me decían que no pasaba nada. Cuando nos fuimos, a las pocas semanas explotó todo”.

Usted y los brasileños incluso se negaron a volver.

“Sí, estábamos haciendo la pretemporada en Francia o Suiza y después de un partido amistoso teníamos que regresar a Ucrania para jugar. Justo ese día habían tirado un avión comercial en Donetsk, en el que habían fallecido todas las personas que viajaban. En ese momento, estábamos asustados y decidimos no viajar a Kiev. Yo estuve dos semanas en Frankfurt hasta que se arregló mi salida a Newcastle”.

Su paso por la Premier no fue nada satisfactoria.

“Fue un año para olvidar. Había llegado mal del Shakhtar, porque como me quería ir no entrené como debiera. Fue algo que me sirvió de experiencia, más allá de no estar a gusto, hay que estar siempre preparado. Cuando fui al Newcastle tardé en adaptarme y luego tuve un problema en la espalda que me dejó varios meses sin jugar”.

El siguiente salto fue al Benfica, donde emergía un tal Joao Felix.

“Me acuerdo que llegué y me hablaban de un chico de 18 años que jugaba bien. Yo lo vi y parecía un nene, pero en los entrenamientos ya se le veía la calidad que tenía. Además, le daba igual jugar con el filial que con el primer equipo del Benfica. Ese chico no tiene techo, puede llegar a donde se proponga. Algún día puede llegar a ganar el Balón de Oro tranquilamente. Lo tiene todo, calidad y mentalmente es muy fuerte”

Durante su etapa en el Benfica realizó un intervalo en el Espanyol, del que no guarda gratos recuerdos.

“A nivel futbolístico la verdad que no. Borja Iglesias lo estaba haciendo muy bien y además me rompí el isquiotibial y estuve cinco semanas parado. Al siguiente año, empecé bien la pretemporada, estaba cogiendo confianza, había marcado varios goles en la previa de la Europa League y también en LaLiga, pero otra vez me rompo el isquiotibial, esta vez el otro, y cuando vuelvo ya habían cambiado de técnico. Ahí empezó la debacle del equipo y también la mía personal. Cuando llega Abelardo, ya sabía que no me tenía muy en cuenta. Era consciente que no estaba a mi mejor nivel. El descenso fue muy feo”.

Y finalmente, el Celta. ¿Cómo se gestó ese fichaje?

“Se acercó algún allegado del Chacho para decirme que me quería y yo le dije que sí. En el Benfica no estaba jugando casi nada, sabía que se había acabado mi etapa allí y se solucionó todo muy rápido?

¿Por qué firmó sólo hasta final de temporada?

“Ellos me dijeron que quieren ver primero cómo estoy. La realidad es que vengo de dos temporadas malas y que me hagan un contrato largo no era lógico, yo lo sabía. Me ofrecieron estos seis meses y después ya se verá según mi rendimiento”.

Empezó con buen pie, con gol en el Metropolitano.

“Sí, pude empujar ese gol para sacar un empate, pero ahora hay que demostrar que me puedo quedar mucho tiempo aquí. Físicamente me encuentro bien, pero soy consciente de que me falta ritmo. Contra el Valencia sentí que me costó, sobre todo en la parte física y de timing. Sabía que venía en estas condiciones y tengo que aprovechar los minutos que me toquen”.

¿Le da tranquilidad el hecho de saber que Coudet confía en usted?

“Sí, vengo de un año entero con dos entrenadores que no me tenían en cuenta y la autoestima se te baja porque no te sientes importante, no te sientes cómodo. Yo lo percibía y no me sentía bien. Aquí no estoy jugando, pero sé que puedo entrar en cualquier momento y ayudar al equipo. Es algo que me sube el autoestima y me va a ayudar a sentirme contento dentro de la cancha”.

¿Qué es lo que más le sorprendió en el Celta?

“Tiene jugadores de mucha calidad, hay jugadores de muy buen pie. Cuando estaba en el Espanyol no entendía que lucharan por el descenso. Luego está Aspas, que es un jugador top, para jugar en un equipo grande. Tiene una visión de juego que sale de la media, es diferente”.

Otro jugador de buen pie que estuvo a punto de venir es Cervi, ¿ya le ha convencido para que esté aquí en verano?

“Traté de no hablarle mucho porque sé que estuvo cerca de venir aquí, pero ahora está en Benfica y como amigo quiero que le vaya bien. Si no le va bien, quizás tenga ganas de salir y puede venir. El fútbol es así, no le tenían en cuenta, no estaba jugando, pero le tocó salir en dos o tres partidos por las bajas, fue el mejor del equipo y no lo dejaron salir”.

Aarón Martín debuta en un Celta que va a Ibiza sin sus reyes

El duelo entre Ibiza y Celta estuvo en el aire después de que un trabajador del club ibicenco diese positivo por COVID-19. Sin embargo, todos los jugadores dieron negativo en el test al que fueron sometidos y esta tarde intentarán dar la sorpresa en la segunda ronda de Copa.

El conjunto vigués, por su parte, intentará resarcirse del mal inicio de año, no tanto por la derrota ante el Real Madrid como por las lesiones de sus dos principales estrellas: Iago Aspas y Nolito. Ambos se sometieron ayer a diversas pruebas que determinaron una rotura fibrilar distal en el bíceps femoral derecho para el moañés, lo que le mantendrá unas tres o cuatro semanas de baja. El sanluqueño, por su parte, sufre una elongación en el bíceps femoral izquierdo y estará ausente en torno a ocho o diez días.

El encuentro le servirá a Coudet para hacer rotaciones y, sobre todo, para observar el nivel del último fichaje, Aarón Martín. El joven lateral, que llega cedido del Mainz, empieza hoy su disputa con Olaza en el carril izquierdo. Tapia, que no podrá jugar ante el Villarreal por sanción, llevará el timón ante el Ibiza. Además, será la oportunidad para que jugadores menos habituales, como Emre Mor, Baeza o Beltrán se puedan reivindicar.

El técnico local, Juan Carlos Carcedo, saldrá con lo mejor que tiene para tratar una histórica victoria que les meta en los dieciseisavos de final de Copa. Después de un mes sin competir, el descanso se convierte en un arma de doble filo. Por un lado, tendrán las piernas más frescas, pero también pueden pagar la falta de rodaje. Sea como fuere, la ilusión está al máximo.